Mi trayectoria
35 años de Trabajo Social que no se parecen a ningún manual.
Empecé en Servicios Sociales de la Administración Pública, trabajando en contextos de emergencia social, violencia doméstica y personas sin hogar. Eran situaciones límite, donde aprendí que la urgencia del problema nunca debía eclipsar la dignidad de la persona.
Con el tiempo amplié mi práctica hacia el ámbito judicial, los procesos de familia, la adopción y el acogimiento. Cada área nueva me enseñó que los problemas sociales son siempre multidimensionales — lo legal, lo emocional y lo humano están entretejidos.
Paralelamente, empecé a especializarme en duelo. Durante 18 años he coordinado grupos de apoyo al duelo, acompañando a personas que han perdido a alguien y necesitaban un espacio donde esa pérdida fuera reconocida y sostenida.
Mi enfoque
Lo que me diferencia no es lo que sé, sino cómo escucho.
He visto cómo el Trabajo Social puede volverse frío: procesos, informes, plazos. Y he decidido deliberadamente ir en la otra dirección. No porque la rigor técnico no importe — importa, y mis informes periciales lo demuestran — sino porque el rigor sin humanidad no sirve a la persona.
Mi forma de trabajar parte de una creencia profunda: las respuestas a los problemas de una persona están casi siempre en su propia historia. Mi papel es ayudarle a encontrarlas, no dárselas yo.
Eso me convierte en mediadora, en acompañante, en puente. A veces en el único adulto en la sala que está escuchando de verdad.
Formación académica y acreditaciones
La experiencia sostenida por el conocimiento.
La práctica y la teoría no son opuestas — se alimentan mutuamente. He invertido toda mi carrera en mantenerlas juntas.